2.- SOBRE EL CONTENIDO
Frente y contra tanta novedad espúrea, que se ampara en la pomposidad de las frases, Arrighi expone una visión del capitalismo caracterizada por el uso de la dialéctica entre la identidad genético-estructural y la variabilidad histórico-genética, utilizando por nuestra parte las imprescindibles aportaciones metodológicas de Zeleny (15). El empleo de las posibilidades teóricas que contiene la caja de herramientas intelectuales que es la dialéctica, le permite a Arrighi demostrar que la actual explosión financiera, la famosa "burbuja", no es algo desconocido y sorprendente por su novedad sino que, en realidad, es una característica recurrente del capitalismo histórico desde su aparición en el norte de Italia, en Florencia, Venecia y Génova. El autor sostiene que el capitalismo pasa por fases sistémicas de acumulación y que uno de los síntomas de que se acerca el tránsito de una fase a otra es la importancia que adquiere la esfera financiera sobre las restantes, la productiva en especial, al absorver los capitales excedentarios que no se invierten en la producción por la baja tasa de beneficio existente en la esfera productiva. En estos procesos son muy importantes las decisiones de los aparatos burocráticos que se centralizan en el Estado y en otras instituciones, de modo que se establece una ágil dialéctica entre lo endógenamente económico y lo exógenamente político, administrativo, militar, cultural, etc., A lo largo de los cambios sistémicos en la acumulación, se puede observar una especie de péndulo o de vaivén causado por las pugnas entre los poderes ascendentes y los descendentes y que se produce dentro de los espacios al alza -norte de Italia, Holanda, Gran Bretaña y EEUU- como fuera de estos, es decir, en los circundantes afectados por la expansión o decandencia de los citados.
2.1.- RUPTURA CONCEPTUAL:
Esta tesis no surge de la nada teórica sino que es el resultado de una prolongada lectura, resumen y síntesis de una línea de investigación muy antigua. La importancia de la burguesía comercial y financiera del norte de Italia era conocida con mucha antelación. Interesa detenernos un segundo en rastrear la evolución del problema financiero porque, de un lado, demuestra la superficialidad de las actuales modas ideológicas, como hemos dicho, y de otro, confirma la aportación específica de Arrighi. Así, ya en 1926, por poner una fecha, Henri See (16) reconocía como tantos otros antes su papel , pero no profundiza en las repeticiones significativas entre otras razones porque no se habían publicado aún investigaciones decisivas aunque cita a Pirenne y Marc Bloch y porque, además, su conocimiento del materialismo histórico es bastante pobre. Tampoco lo hace R. L. Heilbroner (17) pese a que estudia la sociedad desde una perspectiva más general como es la de la historia de la "economía de mercado" y pese a que la importante obra de Braudel, "El Mediterráneo..." estaba publicada en 1949,13 años antes de la primera edición de su libro, pero su conservadurismo "democraticista" le imposibilita cualquier crítica radical del sistema que analiza. Sin embargo, el citado S. B. Clough (18) sí adelanta ideas importantes sobre la función del capital financiero a lo largo del capitalismo, aunque no puede profundizar porque ni Braudel, ni Wallerstein, ni Wolf, ni Mandel ... habían publicado sus aportaciones tan fundamentales que por conocidas no citamos. Además, en esa época, apenas se había avanzado en el debate colectivo sobre la transición del feudalismo al capitalismo, y en el no menos decisivo papel de las revoluciones industriales en su seno, que pegaron un salto en la década de los setenta y a lo largo de los ochenta (19). De todos modos, concluyendo, para estos años disponíamos de textos sobre la historia capitalista de la valía de los de Beaud y Maddison (20).
Arrighi, estudiando a muchos autores de imposible reseña aquí, supera ampliamente esa de corriente de investigación desde una visión metodológica totalizante que se echaba en falta en esos autores. No hace falta resaltar los lazos que le unen a la corriente del sistema-mundo, con sus aciertos claros, pero también con las limitaciones que algunos autores le achacan, como veremos más adelante, La idea de que el capitalismo tiene regularidades internas, que no evoluciona fortuita ni azarosamente sino que responde a una lógica genético-estructural, asegura la sustentación teórica. Arrighi dice que: "La fórmula general del capital acuñada por Marx (DMD') puede interpretarse, por consiguiente, como la descripción no únicamente de la lógica de las inversiones de los capitalistas individuales, sino también como la pauta de comportamiento recurrente de capitalismo histórico como sistema-mundo. El aspecto central de la mencionada pauta radica en la alternancia de épocas de expansión material (fases DM de acumulación de capital) con fases de renacimiento y expansión financieros (fases MD'). En las fases de expansión material, el capital-dinero "pone en movimiento" una creciente masa de mercancías (incluidas la fuerza de trabajo mercantilizada y los recursos naturales), y en las fases de expansión financiera, una creciente masa de capital-dinero "se libera" de su forma mercancía, y la acumulación se realiza mediante procedimientos financieros. En su conjunto, las dos épocas o fases constituyen 'un ciclo sistémico de acumulación' completo (DMD')" (21).
El tránsito de DM a MD', o sea, de capital inicial gastado en forma de mercancía y luego, tras vender esa mercancía, su tranformación en más capital, en beneficio en definitiva, ni es lineal ni mecánico, es decir, no responde exclusivamente a las fuerzas ciegas de las contradicciones endógenas de la economía capitalista, sino que responde a una ágil, compleja y vibrante dialéctica de muchos factores. Como se constata estudiando el debate marxista general sobre del desarrollo desigual y combinado y, más en concreto, sobre las ondas largas esa dialéctica explica el conjunto de factores que fuerzan el tránsito de DM a MD'. Arrighi nos da múltiples ejemplos a lo largo de su libro, pero el que más nos interesa, por su actualidad, es el de la crisis global actual, que comenzó con el agotamiento del régimen estadounidense iniciado entre 1968 y 1973 a partir de la interrelación de tres subcrisis específicas, como eran la del sistema financiero, la del ejército y la de la ideología burguesa.
Tomaba así forma, continente, un proceso subterráneo de descomposición que era el contenido de la crisis y que Arrighi explica así: "La crisis-señal del régimen de acumulación estadounidense de finales de la década de 1960 y principios de la de 1970 se debió primordialmente, sin duda, a una sobreabundancia de capital que deseaba ser invertido en mercancías, y no al fracaso de los gobiernos, y no al fracaso de los gobiernos nacionales, en particular del gobierno estadounidense, para compensar la escasez de inversión privada con su propio gasto" (22). Desde entonces a ahora, las extremas dificultades que encuentra la burguesía mundial para invertir los capitales excendetarios en industrias rentables productoras de mercancías, esta dificultad, es, en síntesis, la que explica la burbuja financiera, la llamada "economía de casino", o, en palabras de S. Strange, el "dinero loco" que consigue que: "Todas las actividades de la economía real (la industria, los servicios vinculados al ocio, el turismo, el transporte, la minería, la agricultura y la distribución) bailan al compás marcado por los mercados financieros" (23).
Ahora bien, ¿cómo opera históricamente el proceso general que ha llegado a la situación actual? Arrighi responde que así: "Nuestra sucesión de ciclos sistémicos de acumulación constituye en realidad "una serie de saltos", resultado cada uno de ellos de las actividades de un complejo particular de agencias guibernamentales y empresariales dotado con la capacidad de llavar la expansión de la economía-mundo capitalista un paso más allá de lo que podrían o habrían hecho los promotores y organizadores de la expansión precedente. Todo paso adelante implica un cambio de guardia en los puestos de mando de la economía-mundo capitalista y una "revolución organizativa" concomitante en los procesos de acumulación de capital: cambio de guardia y revolución organizativa que históricamente siempre se han producido durante las fases de expansión financiera. Las expansiones financieras se consideran, por consiguiente, como precursoras no únicamente de la madurez de una etapa particular de desarrollo de la economía-mundo capitalista, sino también como el inicio de una nueva etapa" (24).
¿Cómo opera en concreto, en una época y marco sociohistórico preciso, esta dinámica de sucesión de ciclos? Pensamos que, como respuesta ejemplarizadora, viene muy bien el análisis que Arrighi hace de la causas y consecuencias de la fuerte reducción de la producción de lana en la Florencia de entre 1338 y 1378, respondiendo a una lógica de acción estrictamente capitalista: "Entonces, como ahora, esta lógica dictaba que el capital debe invertirse en el comercio y en la producción tan sólo mientras genere rendimientos en estas actividades no únicamente positivos, sino mayores que una tasa dada que justifique la exposición del capital a los riesgos y quebraderos inherentes a su empleo en el comercio y la producción y, en segundo lugar, compense a sus propietarios por los rendimientos que ese capital habría producido si se hubiese invertido en operaciones financieras. Y entonces, como ahora, la intensificación de las presiones competitivas en todos el sistema comercial tendió a incrementar esta tasa, provocando una reasignación fundamental del capital desde la compra, procesamiento y venta de mercancías hacia formas más flexibles de inversión, es decir, básicamente hacia el financiamiento de la deuda pública nacional y extranjera" (25).
Hemos visto, a grandes rasgos, la dinámica del proceso, y el interrogante que nos surge es ¿qué papel juega la violencia interburguesa en esta evolución? O si se quiere ¿los cambios devienen debido sólo a las implacables presiones económicas y financieras? La respuesta de Arrighi es concluyente: "Durante todos estos períodos de transición, la capacidad del anterior centro de las altas finanzas para regular y dirigir el sistema-mundo de acumulación existente en una dirección particular se vio debilitada por la aparición de un centro rival que, a su vez, no había adquirido todavía la personalidad o los recursos necesarios para convertirse en un nuevo "patrón" de la máquina capitalista. En todos estos casos, el dualismo de poder en las altas finanzas se resolvió finalmente mediante la intensificación, en un clímax final (sucesivamente, la Guerra de los Treinta Años, las guerras napoleónicas, la Segunda Guerra Mundial), de las luchas competitivas que, como regla, señalan las fases de conclusión (MD') de los ciclos sistémicos de acumulación. En el curso de estas confrontaciones "finales", el viejo régimen de acumulación cesaba de funcionar. Históricamente, sin embargo, tan sólo 'después' de que las confrontaciones habían cesado se establecía el nuevo régimen y el capital excedente reencontraba su senda de inversión en una nueva fase de expansión material (DM)" (26).
2.2.- MILITARISMO Y ESTADO:
Esta tesis de Arrighi nos remite, por su importancia, directamente a la constante insistencia que han hecho los marxistas sobre la función del militarismo en la evolución capitalista. En Marx y especialmente en Engels, la cuestión de la guerra, su origen, contenido y finalidad, es una preocupación minuciosa y permanentemente seguida. También este problema es decisivo no sólo en los debates político-prácticos de la II Internacional durante más de dos décadas antes de 1914, sino en el debate teórico-político en general y en concreto en el estratégico debate sobre el imperialismo, el militarismo, el capital financiero y la supervivencia del capitalismo de Rosa Luxembur, Hilferding, y Lenin (27), sobre todo. Posteriormente, y sin poder extendernos ahora, se mantuvieron varios debates y aportaciones interesantes (28) hasta que, grosso modo expuesto, a comienzos de la década de 1980 se generalizó la discusión sobre el militarismo como efecto de la Segunda Guerra Fría y en especial con la tesis del "exterminismo" de E. Thompson (29) que azuzó una exploración teórica que no ha perdido su vigencia con la desaparición del Pacto de Varsovia sino que la ha incrementado tras la multiplicación de guerras y conflictos desde comienzos de la década de 1990, y con la preponderancia que adquiere de nuevo el complejo industrial-militar en la nueva estrategia global de los EEUU (30), tema al que volveremos en su momento.
Esta dialéctica de factores ha sido, hasta ahora, decisiva para el capitalismo, y de hecho una de las causas del hundimiento de la URSS radica en que el tremendo esfuerzo económico realizado para responder a la Segunda Guerra Fría agudizó y exacerbó otras crisis parciales que minaban al régimen burocrático. Pero, si algo en común se puede encontrar a lo largo del prolongado debate teórico arriba reseñado es la supeditación en última instancia del militarismo a la necesidad y a la lógica del beneficio. Es decir, en períodos cortos y en problemas secundarios para la continuidad del modo de producción capitalista, el militarismo puede tener y tiene de hecho una cierta autonomía de decisión y funcionamiento, pero ésta desaparece si se analizan sus relaciones con el beneficio burgués en largos períodos de tiempo. James Petras ha hecho especial insistencia en el actual relanzamiento del complejo industrial-militar por los imperialismos norteamericano y europeo en cuanto instrumentos decisivos en lo que define como tercera fase histórica de la construcción de imperios capitalistas, como veremos en su momento, aunque presta muy poca o nula atención al militarismo nipón, también en ascenso. (31)
Lo mismo hay que decir del Estado como aparato burocrático capaz de mantener una autonomía con respecto a algunas franjas del capital, e incluso para enfrentarse a otras, disciplinándolas y obligándoles a aceptar medidas que benefician a las franjas burguesas hegemónicas. Pero es innegable la supeditación del Estado al Capital. Estas autonomías relativas dependen de muchos factores sociohistóricos, pero, en términos generales, son las formas histórico-concretas que adquieren las necesidades del proceso de acumulación las que determinan los límites máximos de esas autonomías relativas. Actualmente, con la expansión financiera, ¿tiende a aumentar o a disminuir ese límite máximo de autonomía relativa tan importante para orientar la acumulación capitalista por encima de sus tensiones particulares? Es decir, ¿en la crisis actual del capitalismo, existen fuerzas estructurales que permiten pensar que el Capital puede poner en marcha otro ciclo sistémico de acumulación previo aumento de la autonomía operativa del Estado?
La respuesta de Arrighi es esta: "Cada uno de los sucesivos ciclos sistémicos de acumulación que han definido el destino del mundo occidental se ha fundamentado en la formación de bloques territorialista-capitalistas cada vez más poderosos de organizaciones gubernamentales y empresariales, dotados con mayores recursos que el bloque precedente, para ampliar y profundizar el radio de acción espacial y funcional de la economía-mundo capitalista. La situación hoy parece ser tal que este proceso evolutivo ha alcanzado o está a punto de alcanzar sus límites". Y Arrighi continúa: "Por un lado, los recursos para construir el Estado y organizar la guerra de los tradicionales centros de poder del mundo occidental capitalista han alcanzado tal punto que pueden incrementarse únicamente mediante la formación de un imperio-mundo verdaderamente global (...) Por otro lado, no está en absoluto claro mediante qué medios los centros de poder tradicionales del mundo occidental pueden adquirir y retener este control (....) En el mejor de los casos, esta intensificación incrementada de las presiones competitivas globales erosionará la rentabilidad y la liquidez del capital al este de Asia sin reforzar las del capital norteamericano y, mucho menos, las del capital europeo-occidental. En el peor de los casos, al desorganizar la cohesión social sobre la que se han sustentado los recursos para construir el Estado y para organizar la guerra de los centros de poder tradicionales del mundo occidental puede destrozar, en realidad, la mayor fuente residual de fuerza de los mismos" (32).
2.3.- UNA CONFIRMACIÓN ECONÓMICA:
La explicación que ofrece el autor de "El largo siglo XX" es confirmada por E. Palazuelos, aunque en el plano estrictamente económico "El crecimiento económico se ha lentificado debido a que la inversión productiva ha disminuido y a que la productividad del trabajo y del capital es reducida, a pesar de contar con importantes innovaciones tecnológicas surgidas durante las últimas décadas. Las tasas de ahorro descienden y, además, una parte considerable de ese ahorro se extravía cuando se dirige hacia los mercados financieros. Estos se han convertido en un círculo semicerrado en el que se moviliza una exuberante masa de dinero que se reproduce sin cesar en su interior, de modo que sólo una parte reducida se traslada hacia operaciones de inversión en bienes y servicios reales. Se crea así una economía financiera meramente virtual que se amplía y se diversifica con carácter endógeno y finalista, dotada de una lógica y de una dinámica propias". Y más adelante: "La actividad de las empresas queda sometida a una lógica de corto plazo, mediatizada por las variaciones de los tipos de interés y de las tasas de cambio, en un contexto de gran incertidumbre que es antagónico con el horizonte de medio y largo plazo que requieren las grandes decisiones sobre inversión e innovación tecnológica. Con demasiada frecuencia, las empresas encuentran mejores expectativas de beneficios a través de simples operaciones financieras que mediante inversiones que amplíen sus capacidades productivas". Y: "La economía por último, asiste a una minimización del crecimiento de la renta per cápita y en su interior se genera una distribución cada vez más asimétrica en la renta" (33).
Por su parte, Jorge Beinstein ha demostrado en sendos estudios la tendencia descendente de la economía capitalista mundial a lo largo de las últimas décadas a pesar de los repuntes locales y transitorios. Habla de una crisis global, planetaria, constatable al estudiar "la desaceleración del crecimiento global a lo largo del último cuarto de siglo con eje en la pérdida de dinamismo de las economías centrales. La tasa de variación anual del Producto Bruto Mundial promedió el 4,5% en 1970-79, descendió al 3,4% en 1980-89 y al 2,9% en el 1990-99 (FMI, 1997; The World Bank, 1998), ello se debió a la desaceleración de las economías del G7 (dos tercios de la producción mundial), especialmente la de sus tres países principales, Estados Unidos, Alemania y Japón (...) En 1996 la deuda pública total de los países del G7 (aproximadamente 14 billones de dólares) equivalía al 74% de la suma de sus Productos Brutos Internos y al 48,5% del Producto Bruto Mundial" (34). Y en otro texto algo más reciente, al que volveremos luego por sus sugerentes tesis sobre el futuro del capitalismo, el mismo autor sostiene la teoría de que ya hemos entrado en otra fase histórica del capitalismo, la denominada como la del "capitalismo senil": "La época de la hegemonía emergente, juvenil del capitalismo financiero que conocieron Lenin y Bujarin ha quedado muy atrás en el tiempo, lo que ahora presenciamos es su etapa senil, decadente. En consecuencia, debemos establecer la diferencia entre las viejas crisis de sobreproducción vigorosas, descontroladas (donde el capitalismo todavía joven se recuperaba para entrar más adelante en otra crisis pero a niveles económicos cada vez más altos) de la crisis actual que se produce en un organismo viejo, corroído por muchas décadas de parasitismo financiero (exacerbado en los últimos veinte años)" (35).
El crecimiento de la financiarización en esta fase senil del sistema capitalista es tal que el debate sobre qué es y qué función tiene el capital financiero, o, en general y por volver al debate clásico a la largo de la historia de la economía política, qué es el dinero, este debate está más vigente que nunca aunque, al final, en el momento decisivo de la realización del beneficio, todo vuelve a su cauce, al de la lógica del modo de producción capitalista. J. M. Naredo tiene razón cuando tras exponer las mutaciones del mundo financiero concluye que: "(...) La "globalización" nos arrastra, como ocurrió en relación con los recursos naturales con el reparto colonial del mundo, hacia el predominio de un juego económico de suma cero, en el que las ganancias de unos han de ser sufragadas por otros. Con la salvedad de que la tendencia al crecimiento continuado de la burbuja financiera permite mantener entre los jugadores la idea de que se está produciendo un enriquecimiento generalizado, idea que se mantiene siempre y cuando la mayoría de ellos no quieran "realizar" sus ganancias. El riesgo aparece así de la mano del auge como consustancial a esa "economía casino", de cuyos reveses no están libres los más avezados artífices del capitalismo transnacional, por mucha que sea la información privilegiada y la capacidad de gestión de que dispongan. Con la peculiaridad de que el riesgo no sólo afecta a los jugadores, sino también al conjunto de la sociedad que puede, por razones que se le escapan, perder de la noche a la mañana sus empleos remunerados, ver reducidas sus capacidades adquisitivas, menguados sus ahorros...o sus pensiones" (36).
Para controlar ese riesgo creciente se desarrollan sistemas de vigilancia rápida con los más sofisticados adelantos informáticos manejados por grupos especializados estatales, paraestatales y extraestatales, obsesionados en obtener el tiempo suficiente antes del estallido de la burbuja financiara para activar las medidas de salvación necesarias. Solamente así se logra mantener el inestable equilibrio transitorio necesario para asegurar la vida de la "nueva economía", aunque las crisis pueden sobrevenir inopinadamente como ha ocurrido recientemente cuando las Bolsas han visto hundirse los valores tecnológicos el 4 de abril del 2000, "martes negro", confirmando los peores augurios a pesar de la recuperación posterior (37). Lo cierto es que, primero, todos los conscientes de que vendrán más crisis, segundo, que podrán ser detonadas por factores extra-económicos y que, tercero, pobrablemente serán más graves que la pasada. Pero esta tendencia resulta muy difícil de controlar porque, como dice E. Ontiveros: "El factor decisivo del nuevo patrón económico es su facilidad para aplicar inversiones de riesgo superior al normal" (38).
Por "riesgo normal" nosotros entendemos el correspondiente al que hay que asumir para obtener una "ganancia normal", es decir, que se mueve dentro de la tasa media de ganancia existente en esa coyuntura económica en el negocio del que se trate. Cuando se quieren obtener ganancias superiores, "anormales" y no "subnormales", es decir, sobreganancias, entonces hay que arriesgar más de lo normal. Lo que ocurre es que la propia naturaleza del capitalismo acelera el tiempo de caducidad de la tasa media de ganancia, de ese "riesgo normal", acortando el tiempo de seguridad y tranquilidad inseparable del "riesgo normal". Un repaso histórico muestra inmediatamente la aceleración de las crisis financieras desde antes incluso del capitalismo industrial, como hace Greg Ip y el extenso análisis del The Wall Street Journal sobre los riesgos actuales de los mercados (39). Una cosa buena de este texto es su referencia histórica a las crisis financieras de 1636-1637, cuando "El equivalente del siglo XVII de las acciones de Internet eran los tubérculos de tulipanes", y de 1720.
¿Cómo entender las referencias a los estallidos de las primeras burbujas financieras por parte de un estudioso burgués y publicadas en un órgano de prensa capitalista tan importante? Pensamos nosotros que por la preocupación ante la gravedad del momento y, a la vez, para exigir a los poderes más vigilancia y rapidez en la anticipación reguladora de los síntomas de futuras y peores crisis. Sin embargo, para nosotros, la inquietud de Greg Ip sólo se comprende desde dentro de la teoría marxista de la crisis capitalista, y en concreto, por el tema que tratamos, del papel del dinero en el proceso que culmina en la crisis, partiendo del reconocimiento explícito de que Marx y Engels no pudieron elaborar de modo pleno esa teoría, sino solamente adelantar sus anclajes básicos, lo que ha potenciado la proliferación de diversas corrientes teórico-críticas de una riqueza analítica inigualable desde la economía burguesa, a la que más adelante volveremos. Incluso una persona nada sospechosa de progresismo como D. A. Warner III, presidente de la Banca Morgan, reconoce el crecimiento actual de la economía estadounidense es insostenible porque está cargado de "desequilibrios" (40).
Por su parte, el superficial y reformista J. Estefanía reconoce que: "La historia demuestra que el neoliberalismo es una fase de desorganización del capitalismo, que se produce periódicamente entre dos fases de regulación. Los años ochenta y noventa del siglo XX son los últimos años de deconstrucción. Frente al integrismo desregulador, urgen nuevas regulaciones que controlen las desviaciones más salvajes del capitalismo global: la 're-regulación'. De lo que se trata es de si la política puede tener, en la era de la globalización económica, un papel mediador en el puesto de mando y si sigue vigente el concepto democrático de que los gobernantes tienen que escuchar a los ciudadanos cuando expresan sus necesidades, frustraciones y quejas, aunque éstas estén en contra del mercado" (41).
Llegamos así, por no extendernos, al final de este segundo apartado. Con matices secundarios o con diferencias irreconciliables, existe una visión bastante generalizada de que el capitalismo actual debe cambiar en algún sentido; ser reformado internamente dando otras o más atribuciones al organismos como el FMI, BM, OMC-AMI, ONU, etc., ahondando en un debate intercapitalista que se agudizó desde el terremoto financiero-industrial de verano de 1997 y sus terribles efectos sísmicos posteriores, en el que se reorganizan y contratacan incluso posturas de izquierda keynesiana (42); o, simplemente, debe ser superado y echado al basurero de la historia, por razones de salubridad e higiene y dignidad humana.
Se habrá comprobado que hasta aquí nos hemos movido casi exclusivamente, excepto en algunas referencias aisladas, como la de Morgan, por ejemplo, a la esfera financiera, a sus burbuja, y lo hemos hecho así porque la esfera de la producción de bienes de producción, la realmente decisiva, la veremos más adelante.
(15) Jindrich Zeleny: "La estructura lógica de "El Capital" de Marx". Edicciones Grijalbo. Barcelona 1974.
(16) Henri See: "Orígenes del capitalismo moderno". Fondo de Cultura Económica, Mexico, 1972,.
(17) Robert L. Heilbroner: "La formación de la sociedad económica". Fondo de Cultura Económica. Mexico 1972, primera edición en inglés en 1962.
(18) Shepard B. Clough, ops. Citada, páginas 122-135 y 204-230.
(19) Pierre Vilar et alii: "Estudios sobre el nacimiento y desarrollo de capitalismo". Editorial Ayuso. Madrid 1971. Tom Kemp: "La Revolución Industrial en la Europa del siglo XIX" Martínez Roca, Barcelona, primera edición en inglés en 1969. D. S. Landes et alii: "La Revolución Industrial". Editorial Critica, Barcelona 1988. Manuel Cazadero: "Las revoluciones industriales". Fondo de Cultura Económica, Mexico 1995.
(20) Michel Beaud: "Historia del capitalismo. De 1500 a nuestros días". Editorial Ariel. Barcelona 1986, y Angus Maddison: "Historia del desarrollo capitalista. Sus fuerzas dinámicas. Una visión comparada a largo plazo". Editorial Ariel. Barcelona 1991.
(21) G. Arrighi: ops citada . Páginas 18-19.
(22) Arrighi, ops citada, págs 360-390.
(23) Susan Strange: "Dinero Loco. El descontrol del sistema financiero global". Paidós. Barcelona 1999. Página 208.
(24) Arrighi: ops citada, página 109.
(25) Arrighi: ops citada, página 125.
(26) Arrighi: ops citada, página 193.
(27) Rosa Luxemburg: "La acumulación del capital". Edit. Orbis, Barcelona 1985, II Volúmenes y en especial, el capítulo XXXII. También, Tadeusz Kowalik: "Teoría de la acumulación y del imperialismo en Rosa Luxemburg", Ediciones ERA, Mexico 1979. C.Palloix: "La cuestión del imperialismo en Lenin y Rosa Luxemburg". Castellote Editor. Madrid 1977. AA.VV: "Sobre el imperialismo" Alberto Editor. Serie Comunicación, Madrid 1975.
(28) Fritz Sternberg: "La revolución militar e industrial de nuestro tiempo". Fondo de Cultura Económica. Mexico 1961. Ernest Mandel: "El capitalismo tardío". Ediciones Era, Mexico 1979, primera edición en alemán en 1972, especialmente, capítulo IX.
(29) Jean Louis Michel: "¿Quién es el responsable de la carrera de armamentos?" en Inprecor n° 19, Madrid febrero 1981. E. Thompson: "Notas sobre el exterminismo, último estadio de la civilización" y J.Albarracín: "Crisis económica, austeridad, rearme y peligro de guerra", ambos en "Cuadernos de Comunismo" n° 8, Barcelona 1982. E. Mandel: "La amenaza de la guerra y la lucha por el socialismo", en Inprecor n° 30, Madrid, octubre-1982. Roy Medvedev y Zhores Medvedev: "La URSS y la carrera armamentistica" en "Cuadernos de Comunismo", n°9, Barcelona 1983. Dan Smith y Ron Smith: "La economía del militarismo". Editorial Revolución, Madrid 1986. M. A. Cabrera et alii: "EEUU 1945-1985 Economía Política y militarización de la Economía". Edit, Iepala , Madrid 1985. Henri Viguier: "La industria de las armas. Desarme y reconversión" Inprecor n°64, Barcelona noviembre 1988.
(30) Luis Oviedo: "Un nuevo papel para la OTAN". Revista "En Defensa del Marxismo",n° 22, Buenos Aires enero-1999. Oswaldo de Rivero: "Las entidades caóticas ingobernables"; Paul-Marie de La Gorce: "OTAN: La Alianza Atlántica en el marco de la hegemonía norteamericana", y Gilbert Achcar: " Cada vez más al Este", los tres textos en "Le Monde Diplomatique. Edición española", año IV, n° 42, Madrid abril-1999. Francis Pisani: "Las guerras cibernéticas", en "Le Monde Diplomatique", Julio-agosto , Nº 45,1999.
(31) James Petras: "Las estrategias del imperio". Hiru Argitaletxea, Hondarribia, año 2000.
(32) Arrighi, ops citada págs 427-428.
(33) E. Palazuelos: "La globalización financiera. La internacionalización del capital financiero a finales del siglo XX". Editorial Síntesis. Economía, Madrid 1998, págs 205-207.
(34) Jorge Beinstein: "La declinación de la economía global", texto presentado en el Encuentro Internacional sobre Globalización y Problemas del Desarrollo. La Habana, Cuba, 18-22 de enero de 1999, y editado por "Rebelión. Noticias" del 5-V-2000.
(35) Jorge Beinstein: "Escenarios de la crisis global. Los caminos de la decandencia", La Habana, 29 enero 2000, "Rebelión Noticias", del 5-V-2000.
(36) J. M. Naredo: "Decálogo de la globalización. Las principales mutaciones del mundo financiero". En "Le Monde Diplomatique" Edición española, nº 52. Febrero-2000.
(37) El País-Negocios, Redacción, 9-IV-2000, págs 5-9.
(38) Emilio Ontiveros: "Nueva economía, nuevas finanzas". El País, Negocios/3, 30-I-2000.
(39) Greg Ip: "Los mercados, en la cuerda floja". Cinco Días, 24-I-2000.
(40) D. A. Morgan. El País, Negocios/16, 5-marzo-2000.
(41) Joaquin Estefanía: "La segunda revolución capitalista". El País-Lectura. 5-marzo-2000.
(42) Bernard Cassen: "El dudoso éxito de la "ortodoxia" económica liberal". En "Le Monde Diplomatique. Edición española", nº 49, diciembre 1999.